martes, 6 de febrero de 2024

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Ayer algo estaba viendo en que decían que lo que nos convierte en adultos es la acumulación de pequeñas desesperanzas, como que se te queden más pelos en la almohada o descontinúen tu sánguche favorito. 
En mi caso, la sandía, mi momento favorito del verano, parece que es la responsable de que sintiera que me pasaban unas gillette por el colon.
También están esas otras. 
Cuando la soledad, pura y simple, no compartida, demuestra ser una no tan buena compañera como uno creía, por ejemplo.
Pero bueno, esa soledad también ya está un poco añeja, como mis nervios y mis músculos. Hay que permitirle un ratito de relajo (todo el mundo se quiere relajar en estos días) y que me cuente cómo quiere afectarme. Quizá lleguemos a un acuerdo de paz.
Uno que no se olvide.

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