jueves, 15 de febrero de 2024

140

Agotado por el recorrido de cuatro kilómetros en bicicleta, con treinta y seis grados de calor, llego al final del camino pavimentado a mi casa. Es el término de un pasaje en la población peligrosa de este pueblo (risas), que da a la parte más angosta de un peladero.
Cuando paso por allí tipo cinco y tanto, quizá seis de la tarde, me encuentro con una huincha muy larga que cruza ese tierral, fijada en dos postes lo suficientemente altos como para pasar por debajo de ella. En la huincha, sin polera, un joven camina por ella equilibrándose, a veces salta, a veces hace alguna otra pirueta mientras otro joven lo mira desde abajo. En algunas ocasiones están los dos en la cinta aquella.
Cuando llegamos al pueblo, estaba ese mismo personaje haciendo un hoyo muy grande. A la semana estaban los postes puestos. Misterio resuelto.
Paso por debajo de la huincha y pedaleo dos veces más hasta llegar al canal de regadío que puedo cruzar por un antiguo durmiente de tren reciclado como puente improvisado. Allí comienza el último tramo del viaje hasta mi casa, un camino de ripio especial para pinchar ruedas de bicicleta, bordeado por el canal donde he visto a mis amigos pidenes, mis amigos patitos y un par de sapos que, dependiendo de la hora, cantan a grito pelado.
Pero antes de volver a la bicicleta, miro de nuevo por última vez al joven, sudoroso, moreno y con los brazos y el abdomen con sus músculos marcados. Me pregunto qué hará el resto del tiempo que no está balanceándose ahí, si las otras personas serán sus alumnos de slackline, así se llama parece, si será su hobbie o se dedica a eso, ¿vivirá de equilibrarse en la cinta esa? ¿Tendrá que pagar créditos o arriendos? Imagino que debe ser profesor de educación física. O quizá sólo es una persona musculosa y feliz, que tiene una vida simple donde todo lo que tiene que mantener es el equilibrio. Tengo tantas preguntas, pero me parece que no quiero tener las respuestas.
Lo miro mucho antes de seguir pedaleando. Incluso debe saber manejar.
Pero bueno, sigamos pedaleando, que mi guata y mis viriles tetas y mi estrés gastrointestinal no se mantienen débilmente a raya quedándose parado mirando a un hueón aleatorio que sólo quiere hacer slackline en paz.

martes, 6 de febrero de 2024

139

Ayer algo estaba viendo en que decían que lo que nos convierte en adultos es la acumulación de pequeñas desesperanzas, como que se te queden más pelos en la almohada o descontinúen tu sánguche favorito. 
En mi caso, la sandía, mi momento favorito del verano, parece que es la responsable de que sintiera que me pasaban unas gillette por el colon.
También están esas otras. 
Cuando la soledad, pura y simple, no compartida, demuestra ser una no tan buena compañera como uno creía, por ejemplo.
Pero bueno, esa soledad también ya está un poco añeja, como mis nervios y mis músculos. Hay que permitirle un ratito de relajo (todo el mundo se quiere relajar en estos días) y que me cuente cómo quiere afectarme. Quizá lleguemos a un acuerdo de paz.
Uno que no se olvide.

viernes, 2 de febrero de 2024

138

Ayer un taxista me preguntó a gritos si soy chileno o extranjero, porque estamos juntando plata para echarlos cagando a todos.
Fue por una discutiblemente mala maniobra que hice mientras iba en bicicleta.
Como le dije, honestamente, que no me interesaba, avanzó unos metros y se detuvo para bloquearme el paso y me empezó a hablar por la ventana. Al comienzo le contesté cosas, que había pasado en verde, que bueno, pero él sólo seguía.
Pensando en ello en la tarde, al comienzo no estaba orgulloso de cómo terminó esa discusión, pero considerando cómo partió, irme después de hacer sonidos guturales de desagrado y con los ojos en blanco era el nivel más parecido que podía entregarle a un viejo culiao xenófobo.
Eran veinte para las siete de la tarde y recién volvía a la casa, después de haber recorrido 250 kilómetros notificando a deudores de pensión y condenados por violencia intrafamiliar con 35 grados a la sombra. Podría haberme dicho algo así como ahueonao no más y no me hubiera dado tanto asco ser su compatriota.