domingo, 30 de octubre de 2022
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Mira son las cuatro y media de la mañana y me vine caminando de donde el Carlos a la casa (gracias a las dos premisas, si no, no podría) y el tema es que llego al pasaje y veo la casa y pienso: ésta es la vida que yo quería, que siempre quise. Pienso que está mi compañera ahí, muy sleepy, toda hermosa y resuelta y bacana y está mi gato igualmente sleepy pero esperando semidormido a su papá para que lo tome en brazos y lo lleve a dormir ahí los tres y no sé, ¿qué más podría pedirle a la vida? A acostarse, raja curao, despertar un domingo a un horario indefinido a hacer huevitos revueltos y picar frutita, mira, dos cafecitos sin azúcar, tomar desayuno viendo nuestro animé favorito de los domingos compadre, ¿qué más? Nada, hueón, nada, ésta es la gran vida no más, aquí casita barrio norte pareada, estofado de pollito, sopaipillas a la once, me pongo a llorar pensando en que ésta es la gran vida, quizá mi mejor momento, gordo como nunca, tan endeudado que el banco me quiere ya, me tiene afecto la ejecutiva y paf, me renuevan de la pega que ni pesco, me van a dar el título que ni quiero y la c. va y me abraza y me mira con sus ojos chinitos y su carita rosadita de puro contenta y me dice que soy bacán, que estoy un poco helado y que duerma para el otro lado porque zzz.
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