viernes, 13 de diciembre de 2024

147

Es tan fácil caer en las pequeñas trampas de la adultez. Uno pensaba cuando niño, porqué hacen esto, acaso no piensan y sí, efectivamente. 
Un ejemplo es que, cuando se vive mucho tiempo con alguien, echarle encima los carros de la frustración a ese alguien es el camino ancho. Detenerse a distinguir realmente qué pasa, cuáles sentimientos son reales, cómo sacarlos afuera -imaginen siendo un varón descendiente de varones herméticos a la vieja usanza- y cómo gestionar las emociones posteriores es un camino angosto que, entre las rabias cotidianas y los dolores no tanto, ni siquiera se avizora entre las ramas del bosque lúgubre que es, casi siempre, la vida de viejo.
Lo bueno es que uno, a esta altura, elige con quién compartir la caminata. Y si es una amiga, además de compañera y amante y todo eso, mucho mejor para uno, perro nuevo pero siempre haciendo trucos viejos.
Lo otro es que sé perfectamente que no soy mi padre.

miércoles, 20 de noviembre de 2024

146

está más que claro que llevo una semana tomando y fumando y que lógicamente eso está mal para mi organismo, digo una semana para dar un número porque, cuando trato de apuntarle a una fecha, lo prometo, mi trabajo me hace pensar que estoy en la quincena aún por las liquidaciones atrasadas de los papitos corazón; o también pienso en que me pagan los diecinueve pero me aferro a no pagar todavía las cuentas para evitar el próximo mes de vivir la vida más austera posible para no seguir quebrado otro mes más y ustedes saben lo quebrado que estoy? siquiera lo imaginan?.................

es como un eterno murmullo...

que todo el día está ahí...

pero saben-sabes qué- estoy bien- 

la nayo, que es la sicóloga, dice que es lógico cuando chocas el auto de tus suegros y las dos mudanzas y la perrita nueva y las cosas que no cambian y las que cambian, hay que resolver lo importante como esas cosas que acabo de mencionar-

sabes qué siento que es cosa de tiempo para volver a ponerme de pie...

necesito vacaciones, soy un trabajador 

son chistosos los últimos puntos suspensivos y ese pensamiento culiao pero lo pensé cuando le hice caso a mi madre y metí las manos en la tierra para reconectarme con no sé, mi voluntad? 

es un privilegio amigas y amigos que me otorga esta casa en el jardín de los sueños, con mi esposa hermosa y mi gato y mi perrita

permitirme un momento en el fondo, en el fondo de un canal con agua muy fría, con los mil grados de calor de linares, la ciudad que maldijeron una vez pero yo bendigo, aunque esta casa

voy a dormir


jueves, 22 de agosto de 2024

145

Es un paño de pasto verde de unos cuarenta metros cuadrados, destinado para la construcción de un edificio detrás de este tribunal, lo cual ocurrirá cuando haya plata. Los queltehues saben que no habrá en mucho tiempo y son amos y señores de ese lugar.
Una está anidando hace unas tres semanas. Incólume. Su plumaje a veces tornasol verde siempre me llama la atención al verla ahí, sin moverse un centímetro de su nido. Leí que así son los nidos de los queltehues, meros hoyitos en el campo y por eso, justamente, son tan nerviosos. También leí que son veintitantos días de trabajo, lo que significa que ya le queda poco ahí. También me dijeron que así son, que no debe ser para nada la primera vez del año que anida por allí.
Pero la miro ahí y me emociona, sinceramente. Con las heladas terribles de este pueblo, cubierta de escarcha, los ojos encarnados de rojo o con la lluvia, impávida mirando al cielo, desafiando el agua a correr por su cuello y sin moverse un centímetro, salvo si te acercas o siquiera miras en esa dirección, ahí hasta te muestra unos espolones raros que tiene en las alas y quién sabe qué chuchás te tira.
Hace pocos días la vi levantarse a buscar comida, supongo, y logré divisar su tesoro preciado: son cuatro huevitos grises con manchitas negras. Todo para ella, probablemente, en su corazoncito de queltehue.
Le admiro, señora. Ojalá salgan polluelos grandes y fuertes y dominen los aires del Maule Sur y del Melado al Nevado reinen como usted. De lejitos sí, porque vaya que tiene instinto de madre queltehue. Vaya que le admiro.

lunes, 19 de agosto de 2024

144

El problema actual es que, tengo tantas cosas pendientes o sin hacer o mal hechas derechamente, que me sale una mal y lógicamente miro las demás y el panorama es desolador.
En verdad por eso yo creo que lloro todos los días, no porque tenga una vida triste o me quiera morir, simplemente hago demasiadas cosas mal, no en términos de expectativas sino que objetivamente pésimo.
Frente al gigantesco -lo es- agujero financiero y sus repercusiones y sus cuentas sin pagar y de salud y de estado físico y más encima cometiendo errores tan tontos como no leer las instrucciones del correo de la entrevista laboral, no sé, quizá dejar de fumar pito es lo menos urgente de todo.
No sé ni por dónde partir, la verdad.
Así es la vida adulta no más.

sábado, 3 de agosto de 2024

143

Mi cotidianidad es ir manejando al estadio, disfrutar del balompié, curarme hasta las dos de la mañana, ir a la cocina a buscar bajón y ver a la pasada a una mujer hermosa y decidida durmiendo con un gato precioso y regalón y saber que ambos me aman mientras suena erasure de fondo.

domingo, 17 de marzo de 2024

141

Sandrino
Siempre quieres estar en brazos del papá
Sandrito
Siempre quieres tomar agüita de la llave
Ese
Siempre quieres atuncito
Peluchito
Siempre quieres jugar con tu hermanito
Panterita
Siempre serás el regalón de la mamá
Sandro, Sandro, Sandro
Llevo tantos días llamándote
Sandro, Sandro, Sandro
Vuelve a tu casa
Que brazos, agüita, atuncito, el Charles y tus humanos siempre te estarán esperando

jueves, 15 de febrero de 2024

140

Agotado por el recorrido de cuatro kilómetros en bicicleta, con treinta y seis grados de calor, llego al final del camino pavimentado a mi casa. Es el término de un pasaje en la población peligrosa de este pueblo (risas), que da a la parte más angosta de un peladero.
Cuando paso por allí tipo cinco y tanto, quizá seis de la tarde, me encuentro con una huincha muy larga que cruza ese tierral, fijada en dos postes lo suficientemente altos como para pasar por debajo de ella. En la huincha, sin polera, un joven camina por ella equilibrándose, a veces salta, a veces hace alguna otra pirueta mientras otro joven lo mira desde abajo. En algunas ocasiones están los dos en la cinta aquella.
Cuando llegamos al pueblo, estaba ese mismo personaje haciendo un hoyo muy grande. A la semana estaban los postes puestos. Misterio resuelto.
Paso por debajo de la huincha y pedaleo dos veces más hasta llegar al canal de regadío que puedo cruzar por un antiguo durmiente de tren reciclado como puente improvisado. Allí comienza el último tramo del viaje hasta mi casa, un camino de ripio especial para pinchar ruedas de bicicleta, bordeado por el canal donde he visto a mis amigos pidenes, mis amigos patitos y un par de sapos que, dependiendo de la hora, cantan a grito pelado.
Pero antes de volver a la bicicleta, miro de nuevo por última vez al joven, sudoroso, moreno y con los brazos y el abdomen con sus músculos marcados. Me pregunto qué hará el resto del tiempo que no está balanceándose ahí, si las otras personas serán sus alumnos de slackline, así se llama parece, si será su hobbie o se dedica a eso, ¿vivirá de equilibrarse en la cinta esa? ¿Tendrá que pagar créditos o arriendos? Imagino que debe ser profesor de educación física. O quizá sólo es una persona musculosa y feliz, que tiene una vida simple donde todo lo que tiene que mantener es el equilibrio. Tengo tantas preguntas, pero me parece que no quiero tener las respuestas.
Lo miro mucho antes de seguir pedaleando. Incluso debe saber manejar.
Pero bueno, sigamos pedaleando, que mi guata y mis viriles tetas y mi estrés gastrointestinal no se mantienen débilmente a raya quedándose parado mirando a un hueón aleatorio que sólo quiere hacer slackline en paz.

martes, 6 de febrero de 2024

139

Ayer algo estaba viendo en que decían que lo que nos convierte en adultos es la acumulación de pequeñas desesperanzas, como que se te queden más pelos en la almohada o descontinúen tu sánguche favorito. 
En mi caso, la sandía, mi momento favorito del verano, parece que es la responsable de que sintiera que me pasaban unas gillette por el colon.
También están esas otras. 
Cuando la soledad, pura y simple, no compartida, demuestra ser una no tan buena compañera como uno creía, por ejemplo.
Pero bueno, esa soledad también ya está un poco añeja, como mis nervios y mis músculos. Hay que permitirle un ratito de relajo (todo el mundo se quiere relajar en estos días) y que me cuente cómo quiere afectarme. Quizá lleguemos a un acuerdo de paz.
Uno que no se olvide.

viernes, 2 de febrero de 2024

138

Ayer un taxista me preguntó a gritos si soy chileno o extranjero, porque estamos juntando plata para echarlos cagando a todos.
Fue por una discutiblemente mala maniobra que hice mientras iba en bicicleta.
Como le dije, honestamente, que no me interesaba, avanzó unos metros y se detuvo para bloquearme el paso y me empezó a hablar por la ventana. Al comienzo le contesté cosas, que había pasado en verde, que bueno, pero él sólo seguía.
Pensando en ello en la tarde, al comienzo no estaba orgulloso de cómo terminó esa discusión, pero considerando cómo partió, irme después de hacer sonidos guturales de desagrado y con los ojos en blanco era el nivel más parecido que podía entregarle a un viejo culiao xenófobo.
Eran veinte para las siete de la tarde y recién volvía a la casa, después de haber recorrido 250 kilómetros notificando a deudores de pensión y condenados por violencia intrafamiliar con 35 grados a la sombra. Podría haberme dicho algo así como ahueonao no más y no me hubiera dado tanto asco ser su compatriota.