Es natural que haya bloqueado ese de recuerdo de cuando el profesor San Martín me dijo:
"Usted no sabe nada. Nada de nada"
"Usted no sabe nada. Nada de nada"
Yo le respondí que sé mucho, de muchas cosas.
Nadie tiene la razón, yo creo.
Yo creo que, si apruebo el grado, voy a amanecer al otro con una ampolla en el cuello de tantas palabritas que he decidido guardar para después. O quizá aprendí, finalmente, a pelear lo que realmente vale la pena.
Sí o sí me largo. De eso no hay dudas.