¿Cuántas veces más voy a tener que secarme los mocos y seguir leyendo?
¿Cuántas veces más voy a tener que hacer como que no veo el plazo acercándose irremediablemente?
¿Cuántas veces más voy a tener que convencerme de que sí se podrá (porque sí se puede) y acallar la incansable voz que, con mucha autoridad de cosa juzgada, me dice que no?
Hasta cuándo, por la chucha, una semana.
Una semana.
Una semana.
¿Cuántas veces puedo llorar en una semana?
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