La gracia de hacer cosas era contártelas.
Ahora me cuesta tanto hacerme el ánimo para lo que sea. Estudiar, cualquier cosa, vivir.
Yo estaba roto, te lo traté de ocultar siempre. Estaba hecho pedazos y fue así como te encontré. Ya no hay más.
La gracia de hacer cosas era contártelas.
Ahora me cuesta tanto hacerme el ánimo para lo que sea. Estudiar, cualquier cosa, vivir.
Yo estaba roto, te lo traté de ocultar siempre. Estaba hecho pedazos y fue así como te encontré. Ya no hay más.
Lo del piloto automático me funciona bastante bien. Fui a la U, estudié, volví. Funciona, sólo de repente me viene un dolor en el pecho y siento el bombeo del corazón en mi cabeza, mientras los ojos piden llorar, pero no lo hacen. Dura unos segundos, respiro y sigo.
Te cuento que vine a Santiago y para poder hacerlo tuve que volarme a las ocho de la mañana. Me duró hasta Talca. Me hice el loco hasta Curicó. Lloré hasta pasado Rancagua. Lo encendí de nuevo. Acompañé al Esteban a un cumpleaños de cabro chico y claro, fui el más chistoso de la mesa. Cuando fui al baño lloré otro poco. Encendido.
No te sientas mal sí. Entiendo porqué, aún. Me da pena que estés sola, sin siquiera la esperanza (muchas veces vana) de que yo llegue a acompañarte. Me aterra que, así solita, alguien te haga daño, incluyéndote. Pero está bien. Tomaste una decisión y está bien.
Encendido.
Ayer yo estaba muy feliz porque íbamos a hablar y arreglaríamos todo. Estaba escuchando música y cuando la Camipé me preguntó dónde iba le dije que me juntaría contigo para que me patearas. Me reí y le aclaré que no, que era imposible.
Sólo puedo darte felicidad pasajera y sufrimiento permanente.
Sólo hago que sufras más y quizás, te enfermes más.
Tenían razón cuando me dijeron que debería morirme solo.