lunes, 17 de junio de 2019

35

Sí lo entiendo.
Entiendo perfectamente qué pasó el viernes.
Estaba molesto porque me sentí muy mal con tus rodeos y, cuando dijiste que me necesitabas, ya tenía los ojos cerrados. No lo valoré. Estaba enojado.
Así hablamos, te dije. En distinto tiempo, en distinto lenguaje.
No lo valoré.
Entiendo muy bien lo que pasó el viernes.
Y entiendo porqué tomaste esta decisión.
Debí valorarlo ahí, no ahora.
Estamos en otro momento, hablando otra cosa.
Cuando te vi llorar, supe que estaba todo perdido. Llevas demasiado tiempo llorando por mí. No deberías llorar tanto por otro corazón más que el tuyo.
Te agradezco haberme amado tanto. Nunca nadie me amó como tú.
Hablamos otro idioma. Pero sólo tú pudiste traducir bien el mío. Y yo no decía mucho en verdad.
Entiendo claramente.
Aguantaste más de lo que tu cuerpo podía. Cuánto daño te hice.
Siempre supe que el final sería éste. Cuando me dijiste por primera vez que todo estaba bien y que sí, sigamos. Siempre lo supe.
Hice todo lo que pude, te juro que sí. Te quise cuanto pude. No tengo más, no me queda más que mi amor cansado, de a gotas, de minutos, de estar a veces, de estar a medias. Hice todo lo que pude, menos lo que tú necesitabas. No era yo.
Entiendo perfectamente que sólo necesitabas que estuviera allí.
Pero yo no valoré esa última oportunidad. Y la fallé. Te fallé.
Mereces que alguien te comprenda y te valore de verdad.
Yo no merezco una mujer como tú. No sé leer. No sé escuchar. No sé medir, no sé pesar, no sé querer. Eres mucho para mí. De verdad, eres mucho.
Estoy tan frustrado de haberte perdido. Porque fui yo quien perdió.
Entiendo muy bien lo que pasó el viernes. Entiendo muy bien porqué.
Sí lo entiendo.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario