lunes, 21 de septiembre de 2020

96

Es natural que haya bloqueado ese de recuerdo de cuando el profesor San Martín me dijo: 
"Usted no sabe nada. Nada de nada"
Yo le respondí que sé mucho, de muchas cosas.
Nadie tiene la razón, yo creo.

miércoles, 16 de septiembre de 2020

95

¿Cuántas veces más voy a tener que volver a armarme?
¿Cuántas veces más voy a tener que secarme los mocos y seguir leyendo?
¿Cuántas veces más voy a tener que hacer como que no veo el plazo acercándose irremediablemente?
¿Cuántas veces más voy a tener que convencerme de que sí se podrá (porque sí se puede) y acallar la incansable voz que, con mucha autoridad de cosa juzgada, me dice que no?
Hasta cuándo, por la chucha, una semana.
Una semana.
Una semana.
¿Cuántas veces puedo llorar en una semana?

jueves, 10 de septiembre de 2020

94

Yo creo que, si apruebo el grado, voy a amanecer al otro con una ampolla en el cuello de tantas palabritas que he decidido guardar para después. O quizá aprendí, finalmente, a pelear lo que realmente vale la pena.

Sí o sí me largo. De eso no hay dudas.

miércoles, 9 de septiembre de 2020

93

Después de una hora infinita decidí que merezco, sólo por ser humano y nada muy especial, levantarme y tomar desayuno.
El tiempo se echó a perder y ya no le sirve mucho al ansioso.
-
Llevo una hora y media llorando.
¿Para qué lo intento?
¿Cuál es, de verdad, el propósito de hacerme esto?

jueves, 3 de septiembre de 2020

92

Le contaste todo y aún así te sigue queriendo.
Te quiere porque decidió quererte.
Te quiere porque sí y no tienes nada qué hacer al respecto.
Sólo quererla de vuelta, aunque todavía no creas que te quiere porque sí no más.
Porque te quiere, hueón.
Y eso es lo único que importa.

domingo, 30 de agosto de 2020

91

Le hago cariño al Charles y él entiende que el día empezó y bosteza largamente mientras se estira para llegar al final de la cama. Me guía el paso por la escalera (según él) hasta la cocina, le doy comida y agua y en el camino me tomo un vaso y voy al baño a lavarme la cara. Luego pongo la tetera (si soy el primero y vale la pena, hago fuego mientras tanto), me preparo el mate, rallo manzana y le agrego el muesli, la avena y el yogurt. Ese momento es donde tengo ya la suficiente lucidez para pensar en qué me toca estudiar hoy, pero lo disipo con alguna canción. Tomo desayuno, solo o acompañado, lleno el termito con agua caliente y subo con el mate. Siendo sincero, pierdo la primera media hora haciendo cualquier cosa, nunca una que me tome demasiado tiempo y, como soy consciente de la hora, en algún momento decido prender el computador para conectar los audífonos y poner el mix de música clásica de hoy. 31 minutos de estudio le siguen. El primer break es el más largo, me dan ganas de ir al baño a esa hora y aprovecho de lavarme los dientes y fumarme un cigarro. Cinco minutos y parte otro ciclo de treinta y uno más. Si sale el alegretto de la Séptima de Beethoven o la primera escena del Lago de los Cisnes de Tchaikovski, bueno, me detengo y las disfruto mirando con mucho odio al exterior por la ventana. A veces los recreos son extensos, pero siempre alcanzo a completar cuatro ciclos antes de almuerzo. Aquí es cuando todo se hace menos estructurado, pero con la cuarentena no tanto, sí o sí deben haber uno o dos ciclos más para estar feliz, si es que no hay interrogación. Feliz, ¿usé esa palabra para referirme a la satisfacción de haber estudiado razonablemente? Me gustaba el caño de felicitaciones al final del día, pero la Pina tiene razón y amanecía muy adormilado. A veces hacemos videollamada con la Consuelo, otras la llamo a la vieja usanza, a veces sólo charlamos mientras hace una de su infinita lista de cosas. ¿Usé la palabra feliz, a 23 días de mi examen de grado? Usé la palabra feliz.

90

Te voy a robar una frase y la dejaré aquí para acordarme: soy el eclipse que nadie vio porque estaba nublado.