sábado, 25 de diciembre de 2021

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Anoche mi cerebro nos deleitó con dos piezas de lujo, definitivamente. 
La primera fue una clásica crisis de ansiedad, en el marco de un proceso de decadencia física y mental en el que todo duele un montón, donde las inseguridades van corriendo más rápido que la respiración y todo pierde sentido y son sólo las lágrimas quemantes y la total falta de habla para expresar alguna cosa que no sean sollozos ante esas cosas que me dice y que no entiendo y como no entiendo me dan miedo y me siento pésima pareja y amigo y persona y ser humano: le doy un 9. Completa, a la vena, melodías conocidas pero siempre muy sentidas. La segunda sorprendió, una rareza cinematográfica en mis sueños: la violencia, esa violencia pu. Despertar con otro ataque de llanto y corriendo a ver si mis papás están bien y todavía se quieren mucho mucho y no se quieren hacer daño como en ese tiempo, esa violencia pu, en la casa nueva del campo, todos pasándola bien menos mi cabeza gigante gigante y seca de tanto llorar. Como siempre.
Me da pena que sea ahora sí.
La piscina estaba increíble hermano.

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