Muchos años después supe de qué se trataba.
Hoy estaba ahí, absorto mirando el techo y recordé la magia y recordé lo que pensaba. Hoy estaba sin ánimo de nada, sin pensar en nada, sin querer nada, sólo mirando y quizá incluso deseando que cayera el techo en mi cabeza y la despegara de mi cuerpo y me liberara al fin de ella y todos sus absurdos pensamientos y planes y sueños que chocan siempre con la dura realidad de mierda en que ese lugar no era más que un portón para sacar la basura del colegio contiguo.
Un portón cualquiera, entre dos casas vacías, un hombre bajo el techo.
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